Al país de las preguntas sin respuesta ha llegado el grito de un silencio. Nadie entiende por qué ya no se escuchan los pasos al amanecer, por qué no murmuran las calles, por qué calla el lamento al perecer.
Nadie se explica el silencio del bufón, después de largas aventuras relatadas con impresionante realeza, amargura o pasión. Los cuervos ejercen de aves de rapiña y los cañones, adivinando una fría risa, se cargan a su son.
La esperanza se ha mudado a un país vecino y en el paraíso una lanza cargada de ilusión va directa al vacío, mientras arranca de su hueco el músculo que ha dejado de palpitar por una frustrada intuición.
El desinterés, el aburrimiento, las falsas esperanzas, los mitos caídos, la amistad frustrada, todo tiene una palabra, una frase, un poema o una triste maldición. No hay perdón en la cobardía, en la distancia, en la ignorancia.
En el país de las preguntas sin respuestas hay dos tumbas, juntas para siempre, separadas por la eternidad y entre ellas un mensaje en el aire, imposible de descifrar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario