domingo, 19 de febrero de 2012

El País de la Preguntas sin Respuesta

Al país de las preguntas sin respuesta ha llegado el grito de un silencio. Nadie entiende por  qué ya no se escuchan los pasos al amanecer, por qué no murmuran las calles, por qué calla el lamento al perecer.

Nadie se explica el silencio del bufón, después de largas aventuras relatadas con impresionante realeza, amargura o pasión. Los cuervos ejercen de aves de rapiña y los cañones, adivinando una fría risa, se cargan a su son.
 
 

La esperanza se ha mudado a un país vecino y en el paraíso una lanza cargada de ilusión va directa al vacío, mientras arranca de su hueco el músculo que ha dejado de palpitar por una frustrada intuición.
 
El desinterés, el aburrimiento, las falsas esperanzas, los mitos caídos, la amistad frustrada, todo tiene una palabra, una frase, un poema o una triste maldición. No hay perdón en la cobardía, en la distancia, en la ignorancia.  

En el país de las preguntas sin respuestas hay dos tumbas, juntas para siempre, separadas por la eternidad y entre ellas un mensaje en el aire, imposible de descifrar.


sábado, 11 de febrero de 2012

Volar

Sueño que vuelo, soy aire, soy viento.
Sueño que me elevo y cuando menos lo espero, entonces te siento.
Tengo un sueño que se repite, que juega con mi mente, que insiste.

Efímera, eterna, volátil, fugaz.
Sueño que ya no vivo, que no habito en este lugar.
Es un sueño que se repite, que juega con mi mente, que insiste.

No sé si es herencia o demencia el soñar con volar.
Sueño que floto, soy como el suspiro, profundo y dolido, que intentas ahogar.
Es un sueño que se repite, que juega con mi mente, que insiste en callar un llorar.


viernes, 3 de febrero de 2012

Aprendiendo a Caminar

No entiendo de reglas ni normas,
entiendo de zapatos y de hormas.
No entiendo de alma,
entiendo de brisa y de calma,
                                                            
Enganchada quedé a la horma de tu zapato
que impuso, con pulso consentido, su paso un largo rato,
y volando con la brisa y con la calma,
robó sin permiso mi alma.
 
Después del huracán y la calma,
anda descalza el alma,
que por querer seguir tu paso,
ha visto temblando, llegar su último ocaso.