Yo también estuve allí y es curioso como dos personas pueden mirar lo mismo y ver cosas tan distintas, sentir, recodar….
Un camarero a la altura de las circunstancias, de moda, de otra condición distinta a la establecida, su chaleco, sus botas, sus movimientos acompasados y estudiados.
Un susurro de agua profundizaba en mi interior, me transportaba a la realidad, a mi realidad, a otro lugar, el decorado no era importante, sólo el momento, sólo la compañía.
Noche con excesos de risas, de complicidad, de amistad, de alcohol, noche con recuerdos y nostalgias, noche estremecedora que me devuelve una verdad escondida a conciencia.
Alguien me dijo una vez que “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible” pero nunca lo escuché y seguí persiguiendo mis imposibles y en ello me encuentro en este momento, herida e indefensa, nuevamente se me ha olvidado el escudo, el armazón, la razón.
Nuevamente mi músculo sensible reclama mi atención, le he vuelto a traicionar, le he vuelto a dejar sin protección y en una mesa de dos, éramos cuatro, marcando fronteras, estableciendo las nuevas reglas.
Una bebida me transportó a sus labios, a sus lecciones, a sus locuras, una bebida me transportó a mi pasado, a sus historias, a sus proyectos.
En una noche feliz acabé con lágrimas, de las que escuecen, de las que duelen.
Sin pasado, porque lo escondo de la razón, sin futuro, porque he llegado tarde a él, me encuentro en mi presente sin encontrarme ni entre sus letras, ni entre sus líneas, siguen sin hablar de mí, siguen sin decirme la verdad.
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